sábado, 30 de abril de 2011

La habitación roja y el sarampión

La última vez que diagnostiqué sarampión fue en el año 1994. No fue un brote, fue un caso aislado de un niño mal vacunado de una familia casi marginal. En aquel momento pensé, que iba a ser de la última generación de médicos que conocía el sarampión, no por la teoría, sino porque lo había visto y diagnosticado.
Yo pasé el sarampión. Me acuerdo bastante bien. Era el año 1969, tenía 11 años y a última hora del día, tuve una fiebre muy alta, una epistaxis muy intensa (era un sangrador habitual) y una erupción que iba apareciendo progresivamente que asustó a mi familia. Entonces no se iba a urgencias de ningún gran hospital. Envuelto en las sábanas, me llevaron en brazos a un consultorio-iguala que existía cerca de mi casa en el barrio de Legazpi (Madrid). El médico que me atendió, rápidamente me diagnosticó, tranquilizó a mi familia y volví a casa, presumiblemente con aspirina como único tratamiento. Mi habitación era una extensión de un salón que carecía de puerta, separada del resto por unas cortinas. Esas telas, antiguas, pesadas y siniestras eran de color rojo burdeos. Mi familia se felicitó de tenerlas de ese color, ya que servía para "absorber" la erupción de la enfermedad sarampionosa. Otra opción era poner una bombilla de luz roja. Año 1969. No me pasó nada especial y hasta aquí he llegado. Pero la escena no se me ha olvidado.
La vacunación contra el sarampión se inició en España en 1978 y su generalización había supuesto la casi desaparición de la enfermedad. El manipulador Dr. Wakefield y su bulo de relacionar la triple vírica con el autismo ha hecho un gran daño a la política vacunal y en consecuencia, mucha gente desinformada no ha vacunado correctamente a sus hijos, permitiendo la aparición de brotes de sarampión y un último caso de fallecimiento de un hombre de 33 años en Sevilla. 
El análisis riguroso de las vacunas es imprescindible, pero no se puede permitir que el fanatismo provoque el retorno de una enfermedad que tiene riesgos potenciales y es prevenible con una vacuna segura.

7 comentarios:

  1. Yo tampoco fui nunca a unas urgencias hospitalarias durante mi infancia. Mi abuela lo arreglaba todo con leche caliente con miel, reposo en cama bien tapadito, aspirina infantil, friegas de alcohol de romero y Vicks Vaporub; su particular escalera terapéutica ;)

    ¡Cómo ha cambiado todo! ¿Verdad?

    Gracias por tu genial entrada, compañero.

    Un abrazo.

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  2. Seguro que además de aspirina te pusieron otra cosa.... talquistina. Yo es lo que recuerdo de cuando pasé el sarampión: el picor y estar todo día embadurnada con los dichosos polvos!

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  3. Totalmente de acuerdo con lo expuesto, aprovecharse de la covertura vacunal universal que genera la vacunación poblaciónal no es más que una muestra más del egoismo que se está generando en nuestra sociedad.

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  4. Gracias por el artículo y el trabajo que supone.
    Yo no he conocido el sarampión. Creo que lo estudié una vez y ha sido olvidado. Me entero ahora de que se asocia a fotofobia y se usaba una luz roja para evitarla. Aunque buscando en google parece que no es una medida con mucho sentido. En fin, lo repasaré.

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  5. El peor efecto secundario de las vacunas es que la espectacular disminución de la morbi-mortalidad por enfermedades inmunoprevenibles, gracias a la vacunación sistemática y la inmunidad de grupo, ha hecho que hoy en día sea muy fácil oponerse a la vacunación, sobre todo en entornos como el nuestro.
    Me gustaría saber qué opinan al respecto los padres de los niños de zonas desfavorecidas social y económicamente, en las que el acceso a las vacunas es más limitado.
    No pasa nada por no vacunar...
    ...hasta que pasa!

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  6. Pues yo sí que sufrí el sarampión al 1año y 1/2 , y conservo un descalabro total de la visión como consecuencia de una neuritis óptica , estrabismo no corregible por cirugía y otras yerbas .
    En Uruguay se comenzó a vacunar en 1968 , lo recuerdo clarito , pues en el 69 cuando mi hijo tenía 8 meses , el pediatra me dijo, pues ahora vacunalo , ya que nació con un estrabismo congénito y yo temía que sufriera como yo!
    Mi hija no tuvo tal suerte , pues sufría lo que se catalogó como una bronquitis asmatiforme y no la pude vacunar , hasta que a los 2 años sufrió el sarampión , pero sin secuelas .
    Perdonen los recuerdos .
    Chau.
    Silvia.

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  7. Esta entrada es muy oportuna, pues esta misma semana he tenido una paciente con dos hijos,uno de ellos autista, ella relaciona la aparición del autismo con la TV y se esta pensando si vacunar al segundo, no se si la he convensido...
    Gracias por la entrada

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