sábado, 9 de febrero de 2013

La casa de tres paredes

Dompoasse
Foto original e Vicente Baos
Akua (nacida en miércoles) vivía con dos hijos en una casa de tres paredes. Del agujero excavado en la tierra que era su cama, se desperezaban y levantaban con dificultad dos pequeñas y frágiles criaturas. Cada mañana, Akua cogía agua del pozo comunal en su garrafa de plástico amarilla y lavaba la cara y las manos de sus dos hijos. Vestirles no era problema, su única vestimenta la llevaban día y noche. Con su escoba de ramas, flexionada sobre su propia pelvis, barría el polvo de su interior hacia el polvo del exterior. Una casa con tres paredes no tiene puerta y permite una rápida limpieza. Cuando el amanecer se había completado y el calor ya empezaba a apretar, caminaban por los caminos y el borde la carretera hacia el centro de atención de Dompoasse que les acogía y alimentaba. 

Akua y sus dos hijos son discapacitados psíquicos sin otra familia que les ayude. En el Benito Menni Health Centre recibían atención y cariño.
La enfermedad mental y la discapacidad física y psíquica severa son atendidas por órdenes religiosas y ONGs. En el centro de Dompoasse realizan terapia ocupacional y reciben la atención médica que necesitan. En este centro trabaja una monja togolesa que transmite la inteligencia, vivacidad y simpatía más intensa que he conocido en mi vida. De su propio dinero ha comprado un terreno y va a hacer una casa para que Akua y sus dos hijos tengan cuatro paredes y tres camas. Pequeños actos, grandes cambios.

2 comentarios:

  1. es verdad con pequeñas cosa ,se pueden hacer grandes cambios

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