sábado, 21 de marzo de 2015

Enfermedad mental y fanatismo religioso

Farkhunda, 27 años, asesinada en Kabul el 19/3/2015
 Una muchedumbre enardecida es capaz de matar sin piedad, sin comprensión ni matices; incluso sin pensar si la supuesta ofensa se ha producido o no. Puede ser por razones políticas, religiosas, por haber robado, por haber insultado o, meramente, por haber estado en el lugar equivocado en el momento equivocado y no tener nada que ver con el suceso.

Algunas personas con alguna enfermedad mental específica, en pleno brote confusional o en un estado delirante sin ningún tratamiento, realizan actos públicos aberrantes, extraños, que interpretados por gente ignorante o fanática supone un peligro para su propia integridad.
Desde policías municipales en Madrid (Telemadrid ha eliminado el enlace a las imágenes) hasta la Iglesia católica con su tratamiento de los exorcismos tenemos muchos ejemplos de maltrato e incompresión hacia los enfermos mentales. O bien, cuando un enfermo se arroja a los leones, y bastantes actuaciones previas del individuo apuntaban a su desorden sin que nadie interviniera. ¿Qué habrá sido de él?

En un país y en una cultura social y religiosa que no respeta a la mujer en sí misma como Afganistán, la supuesta ofensa de la quema de un libro en una mezquita (parece que ni está confirmado que fuera el Corán) ha provocado el linchamiento brutal y salvaje de una mujer joven en medio de la calle por una turba de varones, la mayoría jóvenes que gritaba, celebraban y grababan con sus teléfonos móviles la hazaña. La familia de la asesinada, recogen las noticias, informó que sufría problemas mentales. ¿Provocó la ira de la muchedumbre cualquier palabra o acto contra la religión dominante? ¿Quién en ese ambiente social va a decir palabras ofensivas sin padecer un claro trastorno mental? ¿Nadie tiene sentido común y conocimientos suficientes para interpretar esos hechos como una enfermedad? Parece que no. No hay que irse a Afganistán, vale con ver la reacciones en Madrid y Barcelona. La diferencia de Kabul es que matar a una mujer públicamente por una supuesta ofensa a la religión no está ni mal visto, ni perseguido ni casi criticado.

¡Pobres mujeres de Afganistán!

En el siguiente enlace se puede ver el vídeo sin pixelar y la imagen de la mujer, todavía viva. Prefiero haberlo visto así, con su dureza, no en la versión consumible para la buena conciencia occidental de telediarios y periódicos generales.

Y no dejéis de comprar el libro de Gervasio Sánchez (gran fotógrafo y persona): Mujeres, Afganistán. 

Y no dejéis de ver un capítulo de la magnífica y distópica serie Black Mirror: White Bear. Cuando lo hayáis visto, entenderéis mejor las fotos del inicio y del final de esta entrada.

Black Mirror. White Bear 2013

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