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martes, 7 de enero de 2014

El Médico, la película



Quería ver esta película. Ya había leído alguna crítica no demasiado benevolente con ella, pero quería verla. Cine espectáculo, pasar un rato entretenido...esas justificaciones básicas para ir al cine en unas fiestas de mal tiempo y tediosas.
No había leído el libro de Noah Gordon. Estaba en mi casa pero no lo había leído. He disfrutado con novelas de médicos, geniales y no llevadas al cine, como: La Casa de Dios y Monte Miseria, ambas de Samuel Shem o Hijos del ancho mundo de Abraham Verghese. En mi juventud tampoco me influyó especialmente la épica médica de novelas como Sinhué el egipcio de Mika Waltari (más parecida a El Médico de Noah Gordon que estamos comentando). La película que más me ha interesado donde aparecen médicos es El Doctor de 1991 con William Hurt. 
Sin prejucios - ya he visto películas criticadas de forma negativa que a mí me han satisfecho- atendí con interés la proyección.
De larga duración, la película es entretenida y previsible, además de tópica, pero son ingredientes necesarios para un cine "para todos los públicos".
Sin desvelar demasiado el contenido, no más que el trailer que te cuenta casi todo, la oscuridad del conocimiento de la Edad Media está bien reflejada. El afán de conocimiento como motor del progreso es otro elemento importante de la narración. La prohibición que existía, en todas las religiones de la época, de la apertura de los cadáveres es difícilmente entendible en nuestro tiempo. Las religiones, como elementos represivos del avance científico y como explicación irracional de la realidad y de sus circunstancias, han sido una de las mayores rémoras para el avance cultural y científico de las diferentes civilizaciones.
La clase de epidemiología básica que dan en la película sobre la epidemia de peste bubónica es muy entretenida.
Sobra totalmente el "don": "He visto la muerte", dice el protagonista tras poner la mano en el pecho del enfermo, con la congelación dramática de la imagen y un retumbe musical para dar intensidad a la escena. Nosotros lo llamamos "ojo clínico", algo que se basa en el conocimiento y en la experiencia. El protagonista, no tenía ninguna de las dos, pero queda bien en términos novelísticos o cinematográficos.
La figura de Ibn Siná (Avicena) representada por el gran Ben Kingsley tiene un gran atractivo cinematográfico por su bondad y por su conocimiento. A lo largo de la historia, ha habido personas clarividentes y de una gran inteligencia que han tenido que luchar contra los fanatismos religiosos que impedían el avance científico, filosófico o político. Desde Galileo hasta Darwin, incluso en nuestros días, la losa teológica limita y enturbia el pensamiento racional. Han pasado muchos siglos pero todavía sigue siendo la influencia religiosa un factor limitante. Tanto en el mundo católico como en el musulmán.
Película entretenida y olvidable. 

1 comentario:

  1. La he visto hoy.Yo si me lei el libro y creo que es uno de esos casos en el que se da por hecho que los que la veran tambien lo han hecho y por ello no se profundiza en ciertos temas que , al ver solo la pelicula quedan colgados o parece que sobran :el don. Es una buena pelicula de un buen libro , pese a que a ciertos criticos seguramente amantes del cine pakistani que no entiende ni dios ni ellos mismos, no les agrade.De esta pelicula podemos hablar tosdos y eso molesta.Eso si, los que la vean que se olviden del libro y disfruten la pelicula ya que las licencias son varias y variadas , y en estos casos se recurre mucho al "en el libro no es asi" y no merece la pena.

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