domingo, 17 de julio de 2011

Relatos anatómicos de verano: El pie


Me agacho y beso tu pie. Tu pie derecho está adelantado y en el aire cuando tienes las piernas cruzadas. Lo beso en el dorso, en el espacio que permite las tiras de tu sandalia bordada de alegres colores. Beso tu alargado y colgante pie que se balancea suavemente con el leve temblor que provoca la posición. Aprovecho y desabrocho la sandalia para poder cogerlo entre mis dos manos, como cuando recibes una vasija, para percibir entre mis palmas  la suavidad de tu talón y aproximar a mi boca los cinco alargados dedos de tu pie. Se debe besar siempre el primero, no digo el dedo gordo, vulgaridad inapropiada para este texto. Me gusta tu dedo alargado, donde las falanges están bien pronunciadas, donde la uña está a perfil y sin pintura, o quizá con una ligera capa de laca que le da un saludable brillo. Solo besar, solo posar en los labios la carnosidad del pulpejo. Los hermanos pequeños del primer dedo siempre son los olvidados. Están a una escala reducida de su hermano mayor. Además son muy pasivos, poco ágiles, tienen poco movimiento; sin embargo, tienen el mismo derecho y la misma sensibilidad para percibir mis labios, para yo percibir su vida y su falta de cariño y atención, por parte de su dueña y de los demás. Cuatro dedos que parecen secundarios ante el hermano mayor, ante el gordo -perdón se me ha escapado-. Con mis manos modelo la estructura de tu pie, tu arco, noto la suavidad de tus cuidados, la textura de la piel acariciada por ti al aplicarte la crema después de la ducha. Mis dedos no acarician la planta de tu pie, tu pie es el que acaricia la palma de mis manos y amplifica en mi cerebro esa parte de tu cuerpo que para mí ahora es única, exclusiva. No sé por qué, pero después de besar y acariciar el pie, siento deseos de mordisquearlo. Levemente, sin presión, preferentemente los hermanos pequeños, ese periférico que está el último en el borde externo: el dedo pequeño, palabra menos ofensiva que el gordo -lo siento-. Cogerlo entre los dientes, con poco esfuerzo le abarcas, y hacerle sentir que también existe, que su presencia tiene sentido, que no es un elemento residual de nuestra vida simiesca, sino que tiene todo el derecho a sentirse amado y estimado, que se sienta único y demuestre a su dueña que le puede ofrecer el leve placer de su caricia.
Tengo tu pie apoyado en mis rodillas, tú recostada en la silla de la terraza veraniega, la perrita revolotea queriendo mordisquearnos donde pueda y soy feliz.

8 comentarios:

  1. Muy poético la verdad. Pero digo yo que para tener tanta inspiracion, como mínimo hay que estar de vacaciones...

    ResponderEliminar
  2. Me ha enternecido tanto como el Capítulo 7 de Rayuela de Cortázar:
    " Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.



    Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."

    ResponderEliminar
  3. Un honor compararlo con Cortázar. Lo mío es más "anatómico". Gracias por el comentario

    ResponderEliminar
  4. y encima poeta, qué suerte la tuya, ya valoras lo que tienes???, inteligencia, buen hacer, ayudar a los demás, ser crítico con el sistema y sobretodo con la industria farmacéutica, tener una pareja a quien le dedicas una oda a la parte más distal del corazón...no quiero ni pensar si vas recorriendo el cuerpo de esta manera. Suertudo, eres un suertudo , goza y disfruta del verano y no cedas en tu empeño de abrirnos y orientarnos por este camino de sencillez y mejorar como profesionales y sobretodo como personas.

    eskerrik asko

    ResponderEliminar
  5. Gracias Juanan. Se trata de vivir la vida y estrujarla.

    ResponderEliminar