En el número de hoy de la Revista Médica nos presentan un reportaje que define muy bien la situación actual, y aún más, la que viene para los próximos años. Pero antes voy a contar una anécdota que me relató un residente de cirugía que finalizaba su formación MIR en un prestigioso centro público.
"Cuando acabé la residencia sabía que no era fácil quedarme en el mismo hospital donde me había formado y en el que todo el mundo me apreciaba. Aún así, pregunté en dirección si había alguna posibilidad a corto o medio plazo, dado que varias personas del servicio iban a jubilarse. Me contestaron que aquí no podemos contratarte, ni siquiera eventual, vete a las privadas a las que mandamos los pacientes que allí van a necesitar más gente. Así hizo, y así trabaja".
Llevamos años desmontando la estructura de la sanidad pública de nuestro país. Ante la existencia de listas de espera quirúrgicas o no, se ha optado por derivar a centros privados y pagar por ello, en vez de reinvertir en la mejora de la gestión y de recursos humanos de los centros públicos. Y esto no es una decisión cualquiera, es una apuesta por la reducción hasta la mínima expresión de la sanidad pública, igual que a la educación, igual que a la gestión de numerosos servicios de interés general. En Madrid somos campeones de ello. A pesar del parón de las privatizaciones, las derivaciones por las que hoy ha salido a la calle la Marea Blanca, son el Caballo de Troya de la política del partido gobernante.
El dinero derivado a estos centros concertados supone enormes cuantías que aumentan su poder y su capacidad resolutiva, asumiendo cada vez más tareas en una espiral de alta rentabilidad. Mientras tanto, los hospitales públicos ven menguados sus recursos y presupuestos. La relación entre el Hospital Puerta de Hierro y la Fundación Jiménez Díaz es una buena prueba de ello. Mis últimos pacientes intervenidos de cataratas en dicha institución firmaban una "factura" de 900 euros por dicha operación. Y según me contaron "éramos unos 25 para operar ese sábado por la mañana".
Pero ¿para qué esperar a acabar el MIR? Dado que la oferta de docencia MIR va aumentando cada año en los hospitales privados, hacer el MIR en ellos se ha convertido en una interesante oportunidad laboral, en detrimento de unos centros públicos que ya avisan de que no van a contratar a nadie. Tenemos una enorme maquinaria de formar y estrujar residentes que luego no van a tener oportunidades laborales a corto plazo. En cualquier especialidad. Salvo en la privada.
No quiero ser agorero pero cada vez que miro al futuro más cercano veo muchas sombras o quizás, y no quiero reconocerlo, un plan muy trazado y delimitado de medio recorrido donde la sanidad española va a dar una vuelta de campana a sus estructuras. Y creo que sé quiénes tienen la culpa.


